La noche perfecta
La noche ha caído. Al asomarme por la ventana ya solamente veo pequeñas lucecitas repartidas sin seguir un orden aparente en los altos edificios que pueblan la gran ciudad. Me apoyo en el alfeizar de la ventana y contemplo el ir y venir de gente que pasa por las aceras. Mientras, escucho esa canción que tanto me remueve el estomago. ¡Que irónico es el destino! Hace unos días al oír esta canción alguna lágrima habría caído por mis mejillas, aquellos recuerdos, aquellos días ya quedaron atrás. Todo cambia. Nada es para siempre, y lo sabia, pero siempre me intentaba auto engañar con falsas esperanzas. Pero ahora… ahora todo parecía estar en calma, una calma aparente, porque sabía que volvería a suceder. Aquel sentimiento de nostalgia y de impotencia volvería a inundarme.